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Tuesday, June 26, 2012

het einde is dichtbij

En dos días abandono este país y creo que ya es hora de cerrar de algún modo este blog con un balance de mi experiencia Erasmus. Eso sí, aunque diga ahora que "cierro" este blog, es probable que publique alguna que otra entrada con ciertas cosas que se me han quedado en el tintero y que, básicamente por culpa de la maldita procrastinación, nunca acabé publicando. Como sé que varias personas de entre los lectores de mi blog se irán de Erasmus dentro de unos meses, tan solo puedo deciros una cosa: disfrutadlo al máximo.

En mi caso, mi Erasmus ha sido algo particular. A pesar de que no me he pasado el año viajando a excepción de mi viaje a Atenas y de alguna escapada a ciudades vecinas, no me arrepiento para nada de ninguna de las cosas que han sucedido durante estos meses. Cada éxito supone una recompensa a mi esfuerzo durante estos años, y cada tropezón no es más que una lección.

Cuando decidí irme de Erasmus, lo hice básicamente por dos motivos: la independencia y la apertura de miras. Al llevar viviendo con mis padres desde que tengo uso de razón, necesitaba ver cómo me desenvolvía   por mi cuenta. Ya sabéis, cosas como ver cuántas tortillas se te queman antes de hacer una que sea medianamente comestible, cuántas veces se te pega el arroz, poner lavadoras y cosas por el estilo. Cosas del amo y señor de su casa que son imprescindibles para todo el mundo. En mi caso, probablemente por vagancia, cuando estaba con mis padres pasaba un poco de todo, aunque en esta ocasión no me quedó más remedio. Por otro lado, cuando hablo de apertura de miras, me refiero a esa idea de ver más allá de lo que tu país puede ofrecerte, a conocer otra cultura, sumergirte en ella y ver qué oportunidades tienes.

El pasado 1 de septiembre emprendí el rumbo hacia Amberes. Tras un viaje más que accidentado en el que me acompañaron Verónica y Maca (y que describí con todo lujo de detalle aquí), me vi en esta ciudad totalmente desconocida, rodeado de gente que hablaba una cosa rara que quería aprender pero que me costaba horrores. Poco a poco, todo se fue poniendo en su lugar y empecé a encontrar mi sitio en este país.
Ahora, diez meses después, regreso a España con un nuevo idioma en la cabeza que pienso seguir estudiando, un montón de experiencias inolvidables y gente maravillosa (belga y no belga).

Me ha costado lo mío poder llegar a este país y, si pudiera retroceder en el tiempo y volver a vivirlo, lo haría sin pensármelo dos veces. Vivir en otro país te cambia la mentalidad, aunque, según dicen, en ocasiones tiene efectos secundarios que se podrían describir como un "choque cultural a la inversa". Por ahora solo os puedo decir que espero no sentirlo. El tiempo lo dirá.

Gracias por leerme ;)

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